La respiración cavernaria, de Samanta Schweblin

Cómo deciros, cómo contaros, cómo explicaros qué poco, pero qué poco necesitaba yo esta lectura en este momento. Y cómo, dios mío, hago para filtrar una opinión medianamente objetiva del cuerpo sanferminero que me ha dejado. No necesitaba yo el dolor, las ganas de morir, el duelo, la demencia…, joder, Samanta, eres la alegría de la huerta, reina, me debes un par de buenas pesadillas. Y sin embargo soy capaz de ver aquel desasosiego de Distancia de rescate superado, pulido y estirado. Tiene mano la Schewblin para inquietarnos en el sillón a conciencia, doy fe, lo que no tiene es un buen editor o buena editora, alguien que le diga que le sobran páginas a su relato largo, alguien que le diga que esto mismo, sintetizado, ganaría en potencia y nos dejaría ya para el arrastre más arrastrado. Como trapos. Noqueados. De hecho, ahora que lo pienso, agradecemos que no lo tenga, no aspiramos al masoquismo literario. Por último quiero mencionar a la pedazo de ilustradora Duna Rolando, hace que la experiencia de lectura sea todavía más intensa, maravilloso trabajo.

Rcomendación: ESPECIALMENTE CONTRAINDICADO PARA LEER EN TRATAMIENTOS DE QUIMIO EN PARTICULAR O MOMENTOS DE BAJONA EN GENERAL. BUSCAD ALGUNA OTRA COSA EN EL TSUNDOKU, HACEDME CASO.

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