El hombre sentado en el pasillo. El mal de la muerte, de Marguerite Duras

Escribir literatura erótica tiene la complejidad del sugerir, del decir sin nombrar, de conseguir poner en palabras algo tan subjetivo como es el deseo. Escribir sobre sexo es mucho más fácil. A Marguerite Duras se le daba bien lo primero. En estos dos relatos cortos pone en práctica su maestría, estando el sexo siempre al servicio de un destino trágico y el deseo encadenado al desgarro emocional que, parece ser, la propia autora sufría en el momento de escribir los relatos. Ninguno de los dos es precisamente divertido. El primero más bien resulta brutal, con su forma de usar los tiempos verbales y esa impronta fotográfica del entorno, muy de vanguardia, dicen. El segundo, tal y como explica la autora después, está escrito para ser representado teatralmente, y así se percibe en la lectura. Que no se busque aquí ni rastro de El Amante, libro anterior y autobiográfico. En estos relatos planea la muerte y la urgencia y angustia que ésta nos provoca.
Recomendación: a seguidores de literatura erótica, a fans de Duras y por si alguien quiere leer algo maravilloso de la autora: Hiroshima, mon amour (guión cinematográfico escrito por Duras).
NOTA DE PRÉSTAMO: Me lo he comprado, 6,95 €.

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