
Me pilló escéptica: ¿qué podía tener en común con esta señora neoyorquina de juventud sesentera que pinta vidrio? ¿Cómo identificarme con la situación de partida de este libro de memorias en la que tu mejor amigo tiene un lío con tu hija? Me pilla más lejos que Hong Kong, pensé. Pero luego te metes en la amistad a prueba de balas, el miedo a la muerte, el amor por los perros, el alcohol, fumarte todas las colillas de la casa, el puto cáncer, perder días de vida viendo una serie de mierda, no querer salir de la cama, admirar la belleza hasta que te duelan los ojos, envejecer, reconocer el caos dentro y fuera… y quieres fundar el club de fans de Abigail Thomas. Porque no quieres que ella deje de escribir su vida ni que tú dejes de leerla.
Recomendación: a cualquiera.
Foto cabecera: latimes.com


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