Nevaba cuando salí de la biblioteca. Me pilló sin paraguas, así que improvisé un paquete con el libro metido en la bolsa de lona gruesa que llevaba y lo metí debajo del brazo. Cada poco iba sacudiendo los copos de la tela, por si acaso. La protección de «El ángel literario» hasta mi casa no sólo me evitó una multa -justa- sino que me ha permitido disfrutar como un panda haciendo la croqueta en la nieve. Obviamente, leer a Halfon, para mí, es volver a casa, pero si además se pone a hurgar en influencias literarias, motivaciones de escritura, anécdotas de autores… es como si creara una habitación donde sólo huele a letras, no sé, es embriagador. Cierto es que hay ficción… esta vez lo he etiquetado (por costumbre, no por afán categorizador) al mismo tiempo con «ensayo» y «novela», a la mierda. Podéis elegir el género que queráis o aceptar de una vez que él ya tiene el suyo propio… o ninguno, porque no le hace falta o ha borrado ya todos los márgenes. Gracias, Eduardo.

Recomendación: a lectoras y lectores empedernidos, bibliofrikis, deborahdores natos. Y a fans de Halfon, claro.

Foto cabecera: fundaciofinestres.com

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.