Yo me caí en la meditación (o «mindfulness») muy tarde, a los 43. Y me tiré de cabeza sola, de forma autodidacta, sin sesiones, sin talleres ni retiros, al estilo anarquista, como en las lecturas. Andaba yo huyendo de los chacras y el incienso. Y fue un flechazo. Como si alguien me hubiera puesto una tirita antes de cortarme, el «Mindfulness» (y un libro de Stefan Zweig) salvaron mi salud mental durante la quimioterapia dos años después, desde entonces no me canso de recomendarlo a quien sufra un duelo o un proceso oncológico. D’Ors es otra pantalla. Lo que destaca de este ensayo sobre la meditación es el nivel de profundización y la forma de contarlo: escritura sencilla y eficaz como ella sola. No estando de acuerdo en todo, sólo faltaba, me parece una reflexión impecable sobre esa actividad quizás superficial (como sería mi caso) o definitivamente trascendental (como es el suyo) que contribuye a modificar para bien las vidas de tantos y tantas occidentales que acabamos de llegar a un partido que los orientales llevan siglos jugando. Probablemente, el libro que más he subrayado en mi vida. Y que, por supuesto, se queda a mano, en mi mesilla, con los imprescindibles.
Recomendación: yo lo recomendaría a quien ya haya probado la meditación (o mindfulness o conciencia plena) aunque imagino que puede ser la puerta de entrada para quien no lo haya hecho.
Foto cabecera: entelequiacultura.com



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