La librería, de Penelope Fitzgerald

Tan pronto leía o escuchaba que esto era la pera limonera como que era más simple que el mecanismo de un chupete. La única forma de medir un río así ya sabéis cuál es: con los pinreles. Fitzgerald se sitúa entre las escritoras anglosajonas que podrían alicatar ellas solas un manual sobre la corrección y el buen gusto ya que su campo de acción es el de la novela AMABLE. Con una escritura cuidada y la perfecta dosis de ironía nos presenta a la heroína rebelde que se pone al pueblo por montera y decide abrir una librería en 1957. Personajes estrambóticos con niña excéntrica y ricachona pérfida incluidas, yo estaba esperando ver aparecer en cualquier página a Miss Marple. No se ha dado el caso, thank God. He aquí el sueño húmedo librero con su aura de idealismo (no habrá bibliófilo en la tierra que no espere ver con un suspiro la transformación de esa Old House en cuqui-librería inglesa en la gran pantalla) y con lo mejor del libro: el final. No porque se acabe, malpensados, sino porque deja de ser amable y se convierte en real.

Recomendación: a gustosos de lecturas agradables sobre librerías rurales en la Inglaterra de los ’50.

3 Comments

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  1. Pues película ya hay, que lo sepas! Made in Coixet. Y aprovechó la ocasión para decirte que tienes una admiradora entregada en la fría Germanía, que no comenta nunca (hasta hoy) pero lee siempre.

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