Reportaje al pie de la horca, de Julius Fučík

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Imagínate que eres un tío a quien detiene la Gestapo. Imagínate sólo por un momento en qué ocuparías el tiempo en tu celda, entre tortura y tortura. Tus últimos días de vida, porque sabes, de buena tinta del calamar, que te van a matar. Yo creo que estaría demasiado acojonada para articular un texto coherente como el de Fucik -con gran carga ideológica y política, sí, claro, era comunista en la Praga nazi de 1941, ¿qué quieres, que te hable de depilación a la cera? -y menos tan trascendente como este. Me ha dejado de piedra el cuajo, el tremendo cuajo que hay que tener para realizar este último acto vital. Luego el manuscrito, con un montón de peña jugándose la vida por él, pasó la guerra en un tarro de compota, bajo tierra, en el jardín de una casa de Praga. Cosas así hacen que su lectura sea poco menos que obligatoria, aunque el régimen posterior lo utilizara -como tantas otras veces con tantas otras obras- como bandera demagógica de sus tropelías. Si conseguimos apartar esas ramas, igual vemos el bosque y no los pinos.

Recomendación: a gustosos de testimonio real en primera persona de represión nazi y resistencia comunista en cárcel checa.

NOTA DE PRÉSTAMO: Edición impecable de Navona. Amortizado de calle. Para subrayar, incluso.

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