Si se tiene un mínimo de curiosidad, hay gusto por leer ensayo y alguna vez alguien te planteó la pregunta de ¿para qué sirve eso? cuando le dijiste que estudiabas filología (por ejemplo), este librito es imprescindible. No se queda ahí, en por qué estudiar literatura o arte, sino que ahonda en la vasta utilidad de todas las disciplinas consideradas inútiles, reflexiona sobre la mercantilización de los estudios secundarios y superiores y nos dibuja el boceto de una sociedad únicamente pragmática, preocupada en la utilidad del producto, en la que una ley de educación con la palabra competitividad repetida desde el preámbulo hasta el apéndice y con la asignatura de economía empresarial para niños de 14 años no desentona en absoluto. Un libro muy útil para entender que esa es la sociedad que servidora no quiere para su hijo.
Recomendación: a gustosos de reflexión sobre educación, utilidad de la literatura, arte, filosofía, aprendizaje de los clásicos y sus lenguas. Imprescindible para cualquiera con un mínimo de curiositas.
Es de la biblioteca pero lo compraré en cuanto lo vea.



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