En llamas y Sinsajo, de Suzanne Collins

A pares, como los calcetines. Esto ya da una idea ¿no? La buena mezcla de Los juegos del hambre se nos ha ido un pelín  de las manos, y la improvisación argumental empieza a calar en el segundo. A la autora le cuesta montar una revolución: no sabe ni cómo ni por dónde. La dicotomía famosa «rubio versus moreno» se parece ya más a un culebrón de aquellos que me tragaba, (sí, también) en la adolescencia, pero sin el -rrrrico- acento venezolano, chica. Todo sosura, vamos. En el tercero nos encontramos una tesis doctoral ampliamente desarrollada del «ni contigo ni sin tí tienen mis males remedio» elevada al cubo, subrayada y a doble espacio. Mucho estrago emocional. Lo mejor de la trilogía es que provocará más lecturas, nacerán lectores por ella. Y eso tiene mi respeto.

Recomendación: a adolescentes y a no tan adolescentes que lidien bien con bestseller juvenil distópico.

NOTA DE PRÉSTAMO: Cuidado con ciertas versiones electrónicas que rulan por la red. La traducción en algunos casos parece haber sido perpetrada por la rana Gustavo en estado de shock, (con todo mi cariño a los Teleñecos).

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