Duelo, de Eduardo Halfon

Eduardo Halfon juega en esa liga de escritores (que este año en mi pueblo lidera Dovlátov) que le pegan a la autoficción, esto es, tiro de memoria y de mis propias experiencias y las presento -más o menos disimuladas- cual novela. En este caso voz narrativa, autor y personaje principal se corresponden. Un tres por uno, vamos. Esta liga estaba ya finiquitada para muchos, otros acaban de descubrirla, otros no pueden con ella. Elegid bando. Halfon es un competidor de la tabla alta de esta clasificación, porque cumple a pies juntillas el uso de la materia prima (su propia vida) y porque nos lo presenta de maravilla. También es verdad que su familia da mucho juego porque ellos solos podrían tener un sillón en la ONU, dado el compendio de culturas, países y lenguas que aglutinan. De ahí también que el autor lleve tres o cuatro libros escritos cuyo tema principal y constante es la búsqueda/construcción de la identidad. En «Duelo» la identidad está y se busca pero acompañada de la muerte, las ausencias, los secretos familiares y lo que Oliver Sacks llamó «recuerdos prestados» en la infancia (le hubiese gustado este libro, creo). Un autor que demuestra a la perfección cómo se puede escribir unas pseudo-memorias y conmover al respetable en apenas 150 páginas. Autoficción guatemalteco-judio-árabe-libanesa-estadounidense-francesa de la buena. Halfon en esencia. Seguiremos leyéndole.

Recomendación: a gustosos de historias familiares con trapillos sucios, fusión de culturas y duelos encubiertos.

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