Dewdrops on a lotus leaf, by Ryokan

41468¿¿Y esto?? ¿¿Y a esta mujer qué le ha “dao”??. Ya dije en su día,  hace muchos, muchos años en un blog muy lejano, que no comentaba poesía, lo cual no significaba que no la leyese (siempre vuelvo a ella, de hecho) y que no hiciese excepciones que confirmasen mi propia norma. Ahí andan Emily Dickinson y la Szymborska para dar fe. Y hoy toca saltarse las reglas con pértiga. Un monje del siglo XVIII, quien mandó a paseo a su orden, se largó al monte con lo puesto, donde se lo pasaba pipa jugando con críos de una aldea, vivía de limosnas en una cabaña vacía y cantó en poemas la sencillez -y belleza, claro- más absoluta de un copo de nieve o de un rayo de luna, lo merece. Todo es y está en la naturaleza, simple y complicada. “Gotas de rocío en una hoja de loto”, además de tener un título más japonés que el sushi, lamenta lo superfluo y llora por quienes andan pegados a lo material. Te da consejos. Le he encontrado también a Ryokan algún poema en cuyos pocos versos no se puede estar más solo en la Tierra. En realidad, el libro me lo ha prestado una clienta -a  ver cómo puñetas le doy unas gracias que estén a la altura- e intentaré traerlo a la librería. Es para tener, leer y releer. ¿¿Que qué me ha “dao”??, pues a mí, nada. Es Ryokan, que da paz.

Recomendación: a gustosos de poesía en general, japonesa en particular. Una virguería.

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