No encuentro mi cara en el espejo, de Fulgencio Argüelles

Bien pero. Argüelles tiene, con el panorama vigente, un narrar que muchos quisieran, sobre todo en diálogos camuflados y ambientación. El musgo nos sale por las orejas de lo bien que nos cuenta Argüelles cuánto llovía en la primavera del ’36 en un pueblo asturiano. En serio, tiene imágenes para enmarcar. La mano se nos va en poner a todo el pueblo a filosofar sobre política y teología. Principalmente al maestro rojo con el cura leído.  Por lo demás tenemos hijos que no conocen padre y no encuentran su cara en el espejo, problemas de identidades y ausencias y posadera, falangista, muchos mineros -claro-, castellano, calentones varios y enterrador. No falta nada. A veces no hace pie Fulgencio con tanta profundidad, ese era el pero. El bien va por todo lo demás.

Recomendación: a gustosos de novela rural cuasi telúrica en estallido de Guerra Civil.

NOTA DE PRÉSTAMO: Me lo vendió – y yo lo compré- el librero. Lo doy por amortizado. 

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