La fragilidad de los cuerpos, de Sergio Olguín

Maquinistas de tren que llevan mal los atropellos en vías. Así empecé el día de Santiago. Una vez sacudido el pensamiento de rigor, la novela nos ofrece una investigación -por parte de aguerrida periodista bonaerense- de una mafia que aprovecha críos de barrios bajos para que se la jueguen frente a un tren en marcha y así sacar tajada apostando. Hay momenticos bien conseguidos que te encojen las amígdalas. También tenemos revolcones tórridos y patadas de kárate. Que hay de todo, vamos. Y que me gustó más la anterior de Olguín, más oscura, menos previsible, menos aventuras y mejor rematada; pero me vale como entretenimiento veraniego, que es de lo que se trataba.
Recomendación: a quienes gusten de novela de intriga bonaerense.
NOTA DE PRÉSTAMO: He hecho acopio de munición porque en agosto no puedo ir a la biblio. 

4 Comments

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  1. Tenía este libro anotado. Y sí, ufff, hay que sacudirse el pensamiento de rigor (pone los pelos de punta).

    Me gustan las novelas de intriga, que sea de «intriga bonaerense» espero que no sea un hándicap 😉

    Saludos!

  2. Lo de «bonaerense» te llevará a los colectivos, los mates, los «vos sos», el eterno fútbol… y porque hay bastante referencia al espacio físico (barrios, avenidas, etc.) de Buenos Aires. A mí me ha gustado ese sabor, a ver qué tal tú 😉 ¡Gracias por pasarte! Salud.

  3. Lamento que mi casta de lector no alcance la tuya. Suelo ir demasiado a asegurar el tiro: que si género, que si editorial, que si autor, que si presencia en listas. Debería hacer eso: curiosear, e ir con algo bajo el brazo que no obedeciera a lógica alguna (el término es «inversemblant» en catalán y no encuentro su jodida traducción).
    Salut.

  4. Yo practico ya mucho menos el inversemblant porque cuesta pasta si lo haces de librerías. El de Agota Kristof fue un impulso de biblioteca que salió bien y este no ha salido mal parado, pero me gusta arriesgar de vez en cuando porque si encuentras algo que te sorprende es muy satisfactorio. Pero vamos, Francesc, yo tengo menos disciplina con la lectura que un club de anarquistas. Soc una picaflores de cuidado.

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