
Al saltar de una historia a otra parecía que Torrijos practicaba lo de «quien mucho abarca poco aprieta» pero lo he disfrutado mucho: los datos, las anécdotas, el escenario catastrofista, las referencias conocidas (recordaba perfectamente lo del Rana Plaza) y los descubrimientos (lo de Jesús Gil sólo añade más asco -todavía- a la imagen que guardaba de él) con mención especial para la soberbia reflexión filosófica sobre la carga (el peso) en la arquitectura al inicio del libro. Me ha enganchado y entretenido y ha acortado un viaje en tren de 4 horas. Seguiremos el rastro de Torrijos.
Recomendación: a gustosos de arquitectura, catástrofes de colapsos y criminales del ladrillo.
Foto cabecera: korner.eus


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