
Tú metes a dos hermanos italianos en un seiscientos en un viaje largo después de una pila de años sin verse y con «tema» entre ellos y no me digas que la cosa no te da juego. A Alfred le da para una novela. Una novela gráfica con silencios bien dosificados, cambios de estilos en el dibujo bien diferenciados (realidad, recuerdos y momentos oníricos) y buenos personajes. El hermano «malote» no tiene desperdicio y me ha encantado ver lo bonita que queda Italia del trazo de este hombre.
Y cae en una tarde.
Recomendación: a gustosos de entretenida novela gráfica con movidas familiares.


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