El fusil de mi padre, de Hiner Saleem

Un chaval kurdo cuenta su infancia apátrida y su adolescencia resistente en el Irak de Sadam. Conforme crece los cánticos a la libertad del Kurdistán se atenúan y -como dice él mismo en el libro- los paisajes de aguas cristalinas se convierten en ríos llenos de gusanos. No hay como crecer para ver las cosas de otra manera. Formalmente el libro me ha resultado una castaña porque estira hasta la extenuación el estilo «Diario de un niño», sin embargo la última parte la he leído cual best-seller y, sobre todo, me ha dado información sobre ese pueblo sin nación a quien no hace ni puto caso nadie, en el mejor de los casos, o se extermina, en el peor. Interesante. 
Recomendación: a gustosos de historia del pueblo kurdo. Esto se lee en una siesta larga. 

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