El zoo de cristal. Un tranvía llamado Deseo, de Tennessee Williams

A veces olvido cuánto, pero cuánto, he disfrutado yo leyendo teatro, hasta que vuelvo a él y me reencuentro conmigo misma. A Williams lo tenía pendiente y de una sentada me he quitado la espina. El zoo me ha gustado -obra más autobiográfica, movidas familiares, reluce el personaje de la madre- pero el tranvía es mucho tranvía. Y si visualizas a Brando de Kowalsky es un puñetero tren de mercancías. Con el dolor, el deseo, la pérdida de la juventud y el resto de subtemas, lo que hace Williams magistralmente es esculpir unos personajes que consigues ver y construir un ambiente que se puede oler. Lo he disfrutado como un friki con videoconsola nueva. 
Recomendación: a gustosos de dramaturgia contemporánea pata negra. Cinco tenedores. 
NOTA DE PRÉSTAMO: Amortizada de calle la versión electrónica que ha caído en una oferta amazónica, pero es para tener en papel. 

2 Comments

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  1. Es de aquellos clásicos que tengo pendientes, y es que de Williams sólo leí y he visto infinidad de veces «La gata sobre el tejado de zinc», la versión de Newman y Taylor. Me interesa mucho, mucho su obra

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