Lo he degustado con la fascinación con la que se contempla una rara avis y me ha confirmado a Menéndez Salmón como autor a tener en cuenta. De su lectura me quedo con la profundización en el -trágico y doloroso- proceso creativo, de eso va el libro, vaya; y en el deleite que transmite por el arte pictórico. Me sobra, como siempre, el momento metaliterario. Con cuatro historias conectadas, tres de pintores y una de escritor, Ricardo se apaña una novela original y bien escrita. Especialmente guardaré en la mochila de la memoria el pasaje de Rothko. Otro gol de la bibliotecaria. Y van…
Recomendación: a aficionados al arte y en especial a la pintura.


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