
Mi oráculo nombra títulos y yo leo. Y así he llegado a la historia de este chaval que lo dejó todo para adentrarse en la naturaleza y murió de inanición en medio del paisaje de Alaska. Krakauer investiga los últimos años de vida y sigue los pasos de Chris MacCandless hacia el autobús abandonado que tomó como refugio. Descartada la conducta suicida, y sabiendo que de haber sido chica la película sería otra -dejémoslo ahí-, resulta fascinante la resolución de este joven de 24 años de alejarse del mundanal ruido de forma radical (quemó el dinero y tiró el mapa antes de adentrarse en el bosque) o quizás estúpida, empujado por ideales marcados por Thoreau, London o Tolstoi. De esta dicotomía ante la historia (admiración vs rechazo) parte Krakauer, quien consigue que esto se lea tal y como corre la pólvora. Impresionante.
Recomendación: a gustosas de historias de (no) supervivencia en la naturaleza, amantes del periodismo y fans de Walden.
Foto cabecera: autorretrato de MacCandless, encontrada en su cámara sin revelar.


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