Lo típico que estoy en la biblio escuchando sonidos de móvil, cuchicheos, toses y la cadena del váter y aparco momentáneamente los rasgos lingüísticos del asturleonés para darme un garbeo por la sección de cómic (lo de largarme a tomar un vino lo descarto primero), entonces me encuentro con esta autobiografía gráfica de un tal David Small que, qué queréis que os diga, no tuvo una infancia y una familia de las de envidiar precisamente, pero las cuales llevaron a este libro que me ha maravillado por su dibujo; me ha dejado el corazón arrugado por su historia y me ha evitado 20 minutitos de dialectología. Un combo ideal.

Recomendación: a gustosos de biografías gráficas sobre infancias desdichadas. A opositoras desesperadas.

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