
Cuando estoy haciendo como que estudio en la biblioteca, me regalo descansos… diríamos… «amplios» y me doy garbeos por las baldas con premeditación y alevosía. Así he llegado a esta maravilla de Larcenet, una adaptación de la (gloriosa) «Carretera» de McCarthy que no hubiese tocado si no fuera por mi primo (merci, Fabien!) ya que tengo mucha resistencia a arrimarme a productos derivados de libros sagrados para mí. Por eso tampoco me preguntéis por la película. Conocíamos al gran Larcenet pero con esto se ha pasado cincuenta pantallas. Te estruja el corazón con esa tinta negra desgarrada. Te deja sin respiración, porque casi se te mete la ceniza en la boca y porque ha mantenido esa tensión narrativa que en el libro de McCarthy es un terror atávico, el que nace del miedo a la muerte y se expande al pensar en la forma de morir. Ese abismo salvaje al que podemos caer. Esa inocencia del hijo que representa todo lo bueno de la especie humana: la solidaridad, la última gota de esperanza, la ética. Todo eso y más lo dibuja Larcenet en una adaptación al cómic absolutamente espectacular.
Recomendación: a fans de la novela original, sí, es una adaptación visual increíble; a gustosas de cómic pata negra, a aficionados al relato distópico.


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