El susto de ver a Hole felizmente casado, sobrio y dando clases a ilusionados cadetes se pasa pronto, aunque en los primeros cuatro capítulos parezca que a Nesbo lo ha comprado la Disney. Calma, que todo llega, y como estamos hablando del noruego, arrancar y meter la quinta es todo uno. Menudo dominio que gasta el de Oslo para estas alturas de cliffhangers y voces ambiguas, esa es la correa con la que te lleva del cuello y con la lengua fuera durante casi 600 páginas. La sed alcohólica ayuda mientras que la vampírica entorpece. No es tan flojo y peliculero como «El leopoardo» pero tampoco es tan oscuro y bueno como «Fantasma». Lo que no sabemos es si Tinder (o Meetic & Co.) sufrirán descenso de usuarias, a mí no me extrañaría un pelo, con lo que para mí es el puntazo de todo el libro. El más verosímil ergo el que más canguelo provoca. Y hasta aquí puedo leer.
Recomendación: a nesboadictos, evidentemente, una buena dosis. Para quien quiera un trotero negro entretenido que te deja sed de más Nesbo, claro.



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