Un año de amor

Librería Deborahlibros cumple un año el viernes próximo, 16 de diciembre, aunque a las seis semanas de nacer pasó por la UCI. Motivos personales. Una recua impresionante de gente que no me cabe en este post consiguió sacarla de ahí. Lo de “cuidados intensivos” es literal y gracias a ellos servidora abrió la puerta y encendió las luces los meses siguientes. Un año no es mucho tiempo para un comercio y no tengo ni repajolera idea de si esta librería será longeva, pero sí sé lo que he vivido, aprendido y disfrutado de un año a esta parte. Gracias a esta librería sé un poco más sobre derechos de las mujeres (mutilación genital femenina y trata de personas), casi consiguen que haga el Camino de Santiago, casi, y he conocido a la mujer que visitó Dachau y se empeñó en editar en español por primera vez un libro que vio en la tienda de souvenirs. Otros hubiesen comprado un llavero. He podido participar en un Sant Jordi como librera y he abrazado a la madre de las Yeserías. He escuchado hablar del duelo y la muerte a la mejor especialista de la materia en Navarra… y hubo risas. Leí mi primera novela negra foral y luego conseguí (sin mucho esfuerzo) que su autor viniese a hablar de novela negra… italiana. He enseñado algo de lengua de signos, que siempre es un placer y he destrozado bodrios en público. También sonó entre estas cuatro paredes (y muy bien) una guitarra, se oyeron casos de Sherlock en inglés y tuvimos visitas de perros, niños y dos personas centenarias. El mayor logro de esta librería es que la asocial de su librera haya hecho amistades y esas, a diferencia de los negocios, no se cierran.

Gracias a los clientes y clientas ya sé qué es la Caldecott Medall, he descubierto a Quignard y a Ryokan, he fumado en la acera con el hombre más leído a este lado del Ebro (y dispensador principal de libros usados en esta librería), he podado el ficus con una clienta y tengo once páginas con recomendaciones bibliográficas de todos los géneros y épocas para mejorar mis pedidos. Me he reencontrado con Jardiel Poncela; he llegado, por fin, a Pessoa, me han sugerido ver (y he disfrutado) películas francesas y hasta han conseguido que escuche (algo de) jazz. Sí, yo. Me han regalado, prestado y donado libros. Sí, por el camino, yo también he vendido unos cuantos. Por si fuese poco me han obsequiado con dulces, bocatas de tortilla de patata, tiramisús, cuadros, plantas, máquinas de escribir y postales.

Para que luego digan que las librerías no están vivas.

El próximo viernes 16 de diciembre me toca agradecéroslo en persona. De 19.00 a 20.00 os invito a un picoteo. Qué menos.

Gracias, deborahdoras y deborahdores, por este año de amor librero que me ha salvado la vida.

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