El velo pintado, de William Somerset Maugham

el-velo-pintadoSi nos quedamos mirando el arbolito del adulterio no veremos el bosque del papel de la mujer de principios de siglo XX. Un “quiero que mi hija crezca como un hombre libre” da idea de la frondosidad de la arboleda. El retrato que hace Maugham de la joven snob inglesa (de Ascot al cocktail y tiro porque me toca) y toda la ingeniería roñosa de los matrimonios de conveniencia es para nota. La hipocresía se pasea por el libro aunque no con el protagonismo que tenía en “Lluvia“, la cual, por cierto, me gustó más. Aquí me han sobrado unas cuantas cosas -el dramón, en general y tanto labio tembloroso- pero sigue dibujando Somerset los personajes con bastante tino. Además de la pija protagonista (y su evolución), educada para que su mayor ambición vital sea no aburrirse; destaca el amante arribista (sin evolucionar) y su tinglado social y familiar, diseñado para su único y máximo provecho personal. También me han sobrado párrafos de misticismo misionero pero en general ha supuesto un buen rato de lectura.

Recomendación: a gustosos de adulterios dramáticos en la colonia británica de China y a buscadores de ejemplos sobre cómo nace y se hace una mujer-florero.

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