Esa gente

El otro día comenté en Twitter que hay una enfermera llamada Carmen en Cardiología del CHN que calienta las mantas en los radiadores antes de cubrir a los pacientes que están en las camillas, medio en pelotas, esperando a la doctora.  Y es que en los últimos siete meses he comprobado que hay gente para todo. Hay gente con el superpoder de convertir el día en el que te informan de que tendrás cuatro tratamientos oncológicos -todos los disponibles-  en el mejor día de San Fermín de toda tu vida. Esa es mi hermana. Hay gente que te escribe, que te llama, que te envía audios, que te deja mensajes sin palabras. Hay empresas y autónomas solidarias. Hay gente que te perdona el alquiler y hay farmacéuticas que se pasean por la ciudad con tus pastillicas de morfina en el bolso por si las necesitas en cualquier momento. Telebotica, dice. Hay gente que te ofrece sus ahorros, su paro, lo que necesites. Hay gente que va a tu librería a hacerte curas y gente que te regala pastas, aceites para masajes, compotas, pasta de cúrcuma, cremas, jabones; te deja libros en el buzón o notas por debajo de la puerta. Hay peluqueras que te mandan besos y abrazos mientras estás calva. Hay libreras y libreros con librerías abiertas en la misma ciudad que te echan manos. Hay gente que fotografía atardeceres en el Mediterráneo sólo para tus ojos. Hay gente que enciende velas a 400 kilómetros de distancia, durante meses, todos los días, para recordarte. Hay gente que confecciona gorros con telas africanas y te los lleva a casa. Hay vecinos que recepcionan paquetes y otros que te cuidan las plantas. Hay astures que se te plantan en la puerta del quirófano.  Hay celadoras que te dan la ruta turística y entretenida desde urgencias hasta oncología mientras lloras de alivio porque en tu hígado «no hay masas». Hay bibliotecarias que te reservan el libro hasta que tengas fuerzas para llegar hasta el mostrador de la biblio. Hay enfermeras que sueñan con el pitido de las bombas de la quimio. Y te sonríen cada ciclo. Hay pacientes que se descojonan contigo en un box del Hospital de Día. Hay trabajadoras sociales que te buscan ayudas económicas, apoyo psicológico, clases de yoga, todo lo buscable. Hay padres y madres que te traen jamonico del bueno cuando tu lengua es una alpargata mojada y no dejan que veas, ni de refilón, que padecen. Hay adolescentes que están bien con el rollo del cáncer «si tú estás bien, mamá». Sólo con ese condicionante. Hay gente que te trae tubos de crema de Francia para la radioterapia. Hay médicas de cabecera que caminan a tu lado hasta el siguiente mostrador, hasta el siguiente tratamiento y hasta la siguiente pastilla. Hay radiólogas que adelantan biopsias, incluso hay cirujanas que lloran. Hay clientes que se convierten en amigos y amigas. Hay hombres que entran en tu vida a la vez que entra un diagnóstico de carcinoma… y se quedan; mientras el cáncer, gracias a toda la gente que curra y ha currado contra él, se pira.

Hay tanto que debo agradecer que no sé por dónde empezar.

De momento, le dedico esta entrada a Lucía. Mucha fuerza, compañera.

9 Comments

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  1. Me alegro enormemente de que todo haya acabado …..con bien….. Tu escrito de agradecimiento es tan bonito, que merece la pena que sea leido por la mayor cantidad de gente posible Un abrazo Knkl

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  2. Qué chorras agradecer, boba!!! ¿No harías tú lo mismo? PUES ESO… todavía hay gente maja en este mundo de mierda, gracias a eso podemos seguir adelante…. Ya te dije que esto iba a ser una mala gripe. QUE YO TALOVIU, TÍA!!!

  3. ¡Qué belleza! Me llevaste de Carmen hasta los hombres que se quedan. Pasamos por quienes te ofrecen sus ahorros y por cremas, alquires, libros, gorros, corazones. Felicidades, parece que ese camino te llevó a la meta. ¡Gracias!

    Enviado desde Yahoo Mail para iPad

  4. Lo has escrito maravillosamente……aunque lo más importante es haber experimentado tanta buena onda.

    Un abrazo

  5. No te conozco aunque hace un tiempo que te sigo y me provocas mucha admiración. Eres una gran persona, no puedo decir otra cosa!

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