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Volver a leer a Delibes es como si encontráramos una mesa de roble, tallada, cepillada y barnizada a mano, con olorico a infancia, en mitad de un Ikea. Miraríamos a ambos lados, nerviosos, pensando, Dios, alguien se ha equivocado, esto es imposible que esté aquí. Y es que leemos tanta mediocridad que cuando nos echamos a los ojos a […]