Yo ya le he dicho a mi hijo que puedo acabar en el trullo. Mi trabajo de crianza ha acabado y ya somos todos mayorcitos. Ahora toca tomar decisiones, mojarse y abandonar la barra del bar donde hemos estado acodadas, sobre todo la Gen-X, desde el 2011. A lo tonto han pasado 15 años y esta vez tenemos a los de siempre haciendo lo de siempre (la derecha no vota, ficha) y a una parte de la chavalería despistada, repitiendo mierdas machosféricas de influencers patrocinados por OK Diario. Esa parte no es la mayoría pero mete mucho ruido y se le da muy bien amplificar y esparcir populismo, demagogia y falacias varias. Por el contrario, yo estoy a diario en contacto con la otra parte de la infantería, la que me pregunta con un dedal de ansiedad: «Profe, si mis padres tienen un hijo que nació aquí no los pueden expulsar del país, ¿verdad?». Lo que está claro es que el recreo se ha acabado y el 29N nos jugamos algo más que las lentejas y si no lo crees así, no solamente te has confundido de blog , es que no has estado atento al último siglo y medio. Igual hasta te tragas que Alberto es feminista porque de crío merendaba con su tía de Cuenca. Mientras los de la equidistancia despiertan habrá que hacer algo además de la huelga. Algo que sea alzar la voz cuando los cachorros -y no tan cachorros- ladren, porque ya no vale sólo con cabalgar. La resistencia nace de todos lados: de nuestro curros, de nuestras lecturas, de nuestros sábados noche y nuestras redes sociales; nace y se teje en cada decisión diaria, como por ejemplo neutralizar el veneno que inoculan a través de nuestros móviles. Si no sabes por dónde empezar, empieza por no callar.
Foto cabecera: Ieshia Evans se aproxima a las fuerzas de seguridad en Baton Rouge, Louisiana, U.S. El 9 de julio de 2016. REUTERS/Jonathan Bachman


Deja un comentario