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Unos ocho días de abstinencia lectora -que denotan perfectamente mi nivel de estrés- apenas picando entre horas, que si murrusqueo un Trapiello, que si mato el hambre con un Pasolini, han acabado con el festín que me devuelve a la senda deborahdora. Hoy me he ventilado este olvido que seremos con las lágrimas que me […]